Pensamiento y acción

En 1969, el filósofo mexicano Leopoldo Zea sostenía en su libro La filosofía americana como filosofía sin más, citando al tutor de Simón Bolívar, el pedagogo Simón Rodríguez, que “la América nuestra no debe imitar…ni a Europa que es ignorante en política, corrompida en sus costumbres y defectuosa en su conjunto; ni a los Estados Unidos, cuyas circunstancias  son enteramente distintas…”[1] Para este autor, la filosofía es original en América Latina porque es una expresión del hombre, por su origen, por su concreta personalidad, por su individualidad. Tiene un carácter original no porque se creen nuevos sistemas sino porque “trata de dar respuesta a los problemas que una determinada realidad y en un determinado tiempo se han originado”[2]. Juan Bautista Alberdi, quien redactara la primer Constitución argentina de 1853 sostenía: “Nuestra filosofía pues, ha de salir de nuestras necesidades. Pues según estas necesidades, ¿Cuáles son los problemas que la América está llamada a establecer y resolver en estos momentos? Son los de la libertad, de los derechos y goces sociales de que el hombre puede disfrutar en el más alto grado en el orden social y político; son los de la organización pública más adecuada a las exigencias de la naturaleza perfectible del hombre, en el suelo americano”[3].

No hay, pues, una filosofía universal, porque no hay una solución universal de las cuestiones que la constituyen en el fondo. Cada país, cada época, cada filósofo ha tenido su filosofía peculiar, que ha cundido más o menos, que ha durado más o menos, porque cada país, cada época y cada escuela han dado soluciones distintas de los problemas del espíritu humano. La filosofía de cada época y de cada país ha sido por lo común la razón, el principio, o el sentimiento más dominante y más general que ha gobernado los actos de su vida y de su conducta. Y esa razón ha emanado de las necesidades más imperiosas de cada período y de cada país”[4].

Veinte años antes de la publicación de Leopoldo Zea, se realizó en la Universidad Nacional de Cuyo el Primer Congreso Nacional de Filosofía en nuestro país. En este congreso, Juan Domingo Perón expuso su pensamiento en el trabajo titulado “La comunidad organizada”[5].
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Juan Domingo Perón - La comunidad organizada
La originalidad de su pensamiento se refiere a su particular enfoque para resolver los problemas del hombre en la sociedad argentina. Como ya lo señalamos, consideramos que toda filosofía ha emanado de las necesidades más imperiosas de cada período y de cada país y en este sentido, Perón hizo lo que Alberdi proponía, o sea estudiar la “filosofía aplicada a los objetos de interés más inmediatos para nosotros (…) la filosofía política, la filosofía de nuestra industria y riqueza, la filosofía de nuestra literatura, la filosofía de nuestra religión, de nuestra historia”[6].

La propuesta de Perón para resolver los problemas del hombre en la sociedad argentina y dado que aún hoy sigue vigente, es que creemos necesario estudiarla y reflexionar a propósito de ella. No debe tomarse como un homenaje póstumo sino como una propuesta concreta de filosofía de la práctica, o filosofía de la acción, para la cual el pensamiento es inescindible de la acción.

También para el pensador mexicano José Vasconcelos, el filósofo americano no es de “aquellos que se gastan en la preocupación de plantear el problema...sino de aquellos otros, más resueltos que se consideran obligados a comprometerse apuntando, marcando soluciones. El planteamiento es tan sólo un primera posición del filósofo, que se queda estéril si no viene seguido de la valiente aceptación de la responsabilidad que supone adoptar decisiones y señalar rutas”[7].

Es por eso que es necesario estudiar la unidad entre pensamiento y acción en la propuesta realizada en 1949 en “La comunidad organizada”. Esta ya se había plasmado en la Constitución Nacional, en ese mismo mes, durante el mandato presidencial de Perón, reflejando así la voluntad política y el compromiso de un pueblo para su organización política y social, enfrentándose a los problemas que plantea nuestra propia realidad,  pasando de la teoría a la acción.

El proyecto de “La comunidad organizada” y de la denominada Tercera Posición plasmada en la Constitución Nacional es una auténtica filosofía, no porque hubiera surgido en el crepúsculo, como el búho de Minerva, como pensaba Hegel, ni porque hubiera sancionado y coronado los hechos consumados, sino porque fue capaz de desencadenarlos y promoverlos a fin de superar la condición de subdesarrollo a través de transformaciones sociales, políticas y económicas.

Constituye así esa “nueva actitud filosófica, preocupada más por la acción que por la teoría. Una filosofía que muestra las posibilidades de esta acción y de su no menos posible eficacia”, como sugiere Zea[8]. Y esta filosofía de la acción ha tenido como función “no sólo hacer consciente nuestra condición de subordinación, sino también la forma de superar esta condición”[9].

La actitud filosófica latinoamericana parece caracterizarse así por ser prolegómeno y no epílogo o epígrafe, por ser introducción y no conclusión de la historia. Parece ser necesidad y voluntad de hacer la historia y no de narrarla, ya que nuestra corta historia en la cultura occidental debía auto-crearse  más que reproducirse, emular o plagiar pensamientos surgidos de otras realidades y de otras necesidades en otros momentos históricos.

Desde las revoluciones libertarias y las declaraciones de independencia de América Latina, se debía crear una nueva Nación, un nuevo Estado, imaginado por los primeros criollos que habitaban la región. También durante las gestas independentistas primero fue la acción y después las teorías del Estado, las Constituciones y la implantación de los valores en ellas expresados. Todo estaba por hacerse en nuestra tierra con los habitantes autóctonos, los inmigrantes y los primeros criollos.

Así se planteaba la situación cuando Simón Bolívar decía en la “Carta de Jamaica en 1815”: “no somos indios ni europeos, sino una especie media entre los legítimos propietarios del país y los usurpadores españoles: en suma, siendo nosotros americanos por nacimiento y nuestros derechos los de Europa, tenemos que disputar éstos a los del país y que mantenernos en él contra la invasión de los invasores; así nos hallábamos en el caso más extraordinario y complicado; no obstante que es una especie de adivinación indicar cuál será el resultado de la línea de política que la América siga, me atrevo a aventurar algunas conjeturas, que, desde luego, caracterizo de arbitrarias, dictadas por un deseo racional y no por un raciocinio probable”[10].
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Carta de Jamaica
La filosofía original surge también como necesidad y seguirá siendo perentoria su misión de seguir interrogando su propia realidad. Debe asumir el compromiso de indagarse como sociedad y proponer soluciones a sus propios problemas. Deberá a su vez transformarse en acción para sortear los obstáculos que impiden nuestra propia realización nacional y humana.

Alberdi, en 1842, sostenía que: “es un deber de todo hombre de bien que por su posición o capacidad pueda influir sobre los asuntos de su país, de mezclarse en ellos; y es del deber de todos aquellos que toman una parte de ilustrarse sobre el sentido en que deben dirigir sus esfuerzos. Pero no se puede llegar a esto sino por el medio que hemos indicado, es decir, averiguando donde está el país y dónde va; y examinando para descubrirlo, dónde va el mundo, y lo que puede el país en el destino de la humanidad”[11].

Parecería que los auténticos pensadores y gobernantes latinoamericanos se han empeñado en descifrar lo que podemos llamar el “logaritmo nacional”, o sea, descubrir cómo llegar a la potencia, conociendo la base, la realidad de nuestros países. Y la potencia que plantea Perón es, en este caso, la armonía que permitiría la plenitud de la existencia, entendiendo que al “principio hegeliano de realización del yo en nosotros, apuntamos la necesidad de que ese nosotros se realice y perfeccione por el yo[12]. La potencia es la armonía entre el progreso material y los valores espirituales y proporciona al hombre una visión ajustada de la realidad. Es lo que ahora en América Latina se denomina la Casa Común para el Buen Vivir.

En el mismo Congreso de Filosofía, el pensador mexicano José Vasconcelos sostenía que “la verdad es armonía de pensamiento y realidad”[13] y que “afortunadamente, en nuestros pueblos, el filósofo ha sido, por lo menos en la etapa heroica de nuestra formación nacional, un héroe de la idea; un creador de cultura” (...) cada nueva doctrina filosófica se convertía en el alma de una cruzada de inmediata aplicación social”[14].

Para Perón, el movimiento nacional argentino, que llamó “justicialismo”, tiene una doctrina nacional que encarna los grandes principios teóricos. A su vez, al modelo societal que propone en la Comunidad Organizada, que lo llama “colectivismo”, tiene base individualista, asume una profunda fe en el hombre y la comunidad a la que se aspira es aquella donde la libertad y la responsabilidad son causa y efecto.

Ya en 1915, José Ingenieros había dicho “Ningún pensador argentino tuvo los ojos en la espalda ni pronunció la palabra “ayer”; todos miraron al frente y repitieron sin descanso “mañana”. ¿Qué raza posee una tradición más propicia para su engrandecimiento?


[1]Zea, Leopoldo: La filosofía americana como filosofía sin más, Siglo XXI, México, 1975.
[2] Ibídem.
[3] Alberdi, Juan Bautista: Ideas para un curso de filosofía contemporánea, en Zea, Leopoldo: Fuentes de la cultura latinoamericana, Tierra Firme, FCE, México, 1995.
[4] Ibídem.
[5] Perón, Juan Domingo: La Comunidad Organizada, Instituto Nacional “Juan Domingo Perón”, Bs.As., 2006.
[6] Zea, Leopoldo: Alberdi, Juan Bautista: Ideas para un curso de filosofía contemporánea en Zea, Leopoldo (compilador): Fuentes de la cultura latinoamericana, Tierra Firme, FCE, México, 1995.
[7] Vasconcelos, José: La filosofía como vocación y servicio, en Actas del Primer Congreso Nacional de Filosofía, Universidad Nacional de Cuyo, Bs.As, 1950.
[8] Zea, Leopoldo: Op.cit.
[9] Ibidem.
[10] Bolívar, Simón: Carta de Jamaica en Zea, Leopoldo (comp.): Fuentes de la cultura latinoamericana, Tierra Firme, FCE, México, 1995.
[11]Zea, Leopoldo: Op.cit.
[12] Perón, Juan Domingo: Op.cit.
[13]Vasconcelos, José: La filosofía de la coordinación, en Actas del primer congreso nacional de filosofía, Universidad Nacional de Cuyo, Bs.As, 1950.
[14] Vasconcelos, José: La filosofía como vocación y servicio, en Actas del primer congreso Nacional de Filosofía, Universidad Nacional de Cuyo, Bs.As, 1950.
ACERCA DEL CONGRESO
ACTAS DEL CONGRESO DE 1949